La muerte de un hijo
es un golpe muy duro para una familia. Los padres acongojados, a menudo están
tan desamparados que no son capaces de guiar o consolar a los hijos
supervivientes, pero aún así, es importante que éstos puedan seguir con las
responsabilidades que conlleva el ser padre cuando los recursos emocionales y
físicos están estresados al máximo. En varias ocasiones a los hijos que
sobreviven se les llama los “acongojados olvidados” porque la atención de los otros
miembros de la familia y de los amigos está dirigida a los padres.
Los hijos sobrevivientes, a menudo sienten pesar de manera
similar a la de un adulto, pero en la mayoría de casos expresan tales
sentimientos de modo diverso pues son jóvenes y no tienen la misma capacidad de
enfrentar estas emociones como los adultos. Éstos se muestran confusos, se
ponen a la defensa y no desean compartir la congoja con sus padres. Prefieren
depender y recibir apoyo de otras personas con quienes se entienden más, tal como
otros jóvenes
Un hijo sobreviviente tiene sus propias reacciones a la
muerte de un hermano y al comportamiento e interacción de sus padres u otras
personas en sus vidas. Asegure a sus hijos que el profundo dolor de congoja que
siente usted no disminuye el amor que siente por ellos.
Las sugerencias a continuación son de padres acongojados,
hijos supervivientes, y expertos que asisten a los abatidos padres en poder entender y ayudar con las
necesidades de los hijos sobreviviente .
La edad de los hijos supervivientes
Sea consciente del nivel de comprensión de su hijo en
relación con la muerte de un hermano: 0-6 meses de edad--no tiene una
concepción de muerte, pero puede presentir las reacciones de los padres a la
pérdida; 6-18 meses de edad--ya tiene un concepto de congoja y muerte pero la
percibe como temporal; de 18 meses a 5 años de edad: continúa viendo la congoja
como temporal con dificultades en entender que la muerte es permanente—necesita
explicaciones claras de lo que la muerte significa; 6-8 años—entiende que su
hermano no va a volver y que la muerte es universal (me podría pasar a mí);
9-12 años—entiende la certeza de la muerte y siente curiosidad sobre los
aspectos biológicos de ésta y los detalles del funeral; 13 años o más—entiende
por completo el concepto de la muerte.
Explique con honestidad y a un nivel que sus hijos puedan
entender lo que causó la muerte del hermano. Responda a preguntas concisamente
y con sencillez dando respuestas donde pueda ir añadiendo detalles a medida que
el niño crece y entiende más.
La explicación del concepto de la muerte
Para evitar que un hermano menor sienta miedo a que éste
pueda morir también, explique que hay tres razones por las cuales una persona
muere: que la persona está muy, muy enferma, que la persona está muy, muy
lesionada y que esa persona está muy, muy vieja.
Evite indirectas que puedan ser malentendidas por los niños.
El hermano que ha muerto no está dormido; Dios no ha venido ha llevarse al
hermano al cielo; el hijo no fue “llamado a casa”. A menudo se usan las
creencias religiosas con la intención de consolar a los niños, pero éstas
pueden ser malinterpretadas haciendo así que éstos se sientan aún más confusos.
La relación entre hermanos
Sus hijos sobreviviente tenían una relación muy unida con su
hermano difunto, pero hubo momentos de mucho amor y momentos de mucho enojo.
Los niños a menudo se sienten culpables en recordar esos momentos de enojo y
hasta pueden pensar que ellos de cualquier manera causaron la muerte de su
hermano. Asegúreles de que eran muy amados por su hermano difunto y que no
causaron su muerte.
El modelo de conducta de los padres
Los niños aprenden a expresar la congoja al ver el proceso
de congoja de sus padres. Por lo tanto es importante que los padres acepten la
muerte de su hijo, demuestren las emociones apropiadas, y que den a los hijos
supervivientes aprobación a hacer lo mismo. Aunque no debería avergonzarse de
mostrar las emociones apropiadas delante de sus hijos sobrevivientes, debe
asegurarles, por otra parte, que aunque
esté sintiendo congoja, aún será capaz de cuidar de ellos. Los niños van a poder confirmar sus propias
emociones si son capaces de ver la profundidad de la congoja de los
padres. Es bueno que lloren, que estén
tristes, muestren enojo y hasta que se rían.
Los padres, a menudo idealizan al hijo muerto, causando que
los hijos supervivientes nunca se vean capaces de alcanzar el amor que ha sido
propagado por la memoria de su hermano difunto. Los padres tienen que ser
prudentes de no hacer comparaciones con los niños supervivientes que puedan
llevar a que éstos se sientan indignos, hasta el punto que piensen que sus
padres quisieran que ellos hubieran muerto en vez del hermano. Debe reforzar
las cosas positivas que sus hijos sobrevivientes hacen. Dedíqueles su tiempo.
Los padres tienen que tener cuidado de no ser demasiado
protectivos o permisivos. Las rutinas de
antes de la tragedia deben continuar en cuanto sea posible.
Muchos niños encuentran dificultad en hablar abiertamente
sobre sus sentimientos con sus padres.
Esto no significa, por eso, que no quieran oír lo que usted tenga que
decirles. Cuando sus hijos se decidan a hablar con usted, aunque sea por poco
tiempo, escuche atentamente sus preocupaciones y lo que tengan que decir. No les grite, critique o juzgue si dicen
groserías. Esta podría ser la única oportunidad de ganar su confianza.
Los niños creen que “sentir congoja estando lejos” es más
fácil -- mostrando alguna emoción a la muerte del hermano fallecido, sólo que
haciéndolo en privado. Las lágrimas
aparecerán cuando menos lo esperen. Aproveche estos momentos para apoyarles en
su congoja y reconozca lo difícil que es para ellos el perder un hermano.
Planee una celebración en memoria al difunto donde los hijos
supervivientes también pueden participar, dejando de esta manera que éstos se
sientan parte del proceso de pesar de la familia.
Algunas reacciones típicas
En un principio, los niños más jóvenes podrían hacer chistes
o continuar una vida normal como parte de una distracción, pero no es una
reacción anormal o razón para preocuparse.
No les riña por eso.
Para los que son más mayores está bien:
• Llorar y sentirse
deprimidos. Han sufrido una gran pérdida.
• Imitar las
costumbres e intereses del hermano o hermana, mientras aún sigan siendo ellos
mismos.
• Vivir “en el
pasado” por un tiempo para mantener vivos los recuerdos.
• Perdonarse a ellos
mismos por peleas, discusiones y cosas que hayan dicho o hecho contra el
hermano o hermana.
• Seguir viviendo
Al mismo tiempo, por eso es importante observar reacciones
destructivas:
• Usar drogas o
alcohol.
• Portarse mal por
frustración a través de imprudencia al manejar o faltar a clase.
• Hacer cosas por
pura irritación para herir a otros por el dolor que están sintiendo.
• Experimentar con el
sexo simplemente para sentirse cerca de alguien.
• Dejar de hacer
actividades que son importantes para uno.
• Referencias al
suicidio.
Niños de todas las edades a veces experimentan una regresión
emocional y desarrollativa temporal.
Pueden tener disgustos, problemas de concentración, desarrollar una
dependencia repentina o hasta mostrar un comportamiento agresivo. ¡SEA PACIENTE, CARIÑOSO Y NO CASTIGUE!
Sugerencias para ayudar a sus hijos
Los niños necesitan el apoyo de los padres y tener oportunidades
a ser escuchados, reconocidos y entendidos si van a superar con éxito el
proceso de congoja.
Comparta las cosas del hijo difunto con los hijos
supervivientes, dando a éstos algo “para
ese momento” y algo para cuando sean más mayores como una fotografía, un libro
favorito, un disco compacto o una prenda.
Ayude a sus hijos a dirigir su congoja haciendo actividades
positivas como dibujar, mantener un diario y leer. Pídales consejos de manera
que puedan recordar a su hermano a través de la creación de un fondo a la
memoria del difunto y ayúdeles a alcanzar estas metas.
Si ve que con el tiempo sus hijos no se están adaptando a
sus nuevas vidas, no vacile en animarles a hablar con un consejero experto de
la escuela, o un psicólogo o psiquiatra especializado en traumas por la pérdida
de seres queridos.
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